Tendría 8 años. Un vecino del barrio, con más dinero que nosotros, acababa de comprar un nuevo sistema de audio: reproducía CDs. Me invitó a su casa. Yo era fanático de Queen. Había gastado el álbum Greatest Hits II, pero no tenía Queen. Mi vecino tenía un puñado de CD, entre los que había uno con una tapa blanca de ladrillos. Lo puso. Sentí que mi vida cambiaba, sentí en el pecho que eso era “música de verdad”. Al llegar a Goodbye Blue Sky yo ya sabía que iba a escuchar esto por siempre. Y mi vida cambió. Decidí agarrar la guitarra y comenzar a tocar las canciones de The Wall. Le siguió Animals, WYWH, y todo luego. Me trajo amigos. Al día de hoy, sigo siendo un oyente fiel, y todo lo que me dediqué a la música, sé, que nació en algún punto entre In The Flesh y Outside the Wall.